
En el avion que iba a llevarme a Israel servian la cena. Nada hacia presagiar que una aerolinea italiana de camino a Tel Aviv me ofreceria salmon. Ni que tras zamparme mi plato mi vecino me ofreceria el suyo: "toma salmon", me dijo en un castellano macarronico. Por supuesto que lo hice. Fue una especie de profecia cumplida (toma-s-al-mon) en una tierra prolifica en ellas. Y la llegada no pudo ser mas calurosa. No solo por las altas temperaturas sino por el carinyo, la ayuda y la companyia de Moran. Con ella de guia, sus padres, su novio y sus amigos me he sentido como en casa en Tel Aviv! Una ciudad moderna, abierta al mar y tan joven que este anyo celebra su primer centenario (1909-2009). Visc a Isarael!!!